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El mito de la fatiga por compasión



¿Es verdad que toda experiencia negativa en la profesión veterinaria se debe a fatiga por compasión? Cuando doy un vistazo honesto a cómo me sentía, no me estaba quedando sin compasión. Me encontraba cansada de tomar decisiones éticas dentro de los límites de los valores o presupuestos ilógicos (a menudo) de los clientes.

Dani McVety, DVM

Mi amiga y mentora Alice Villalobos, DVM, me preguntó cierta ocasión si yo había experimentado la fatiga por compasión en mi trabajo veterinario. Le respondí con un rápido “no”. Le dije, “no creo que se me agote la compasión”.

Pienso que es un término que se usa en exceso en la industria veterinaria. Le mencioné que me sentía más exhausta al trabajar en urgencias, que en atención hospitalaria, y ahí fue cuando la Dra. Villalobos dijo algo que se me grabó para siempre: “yo creo que lo que en realidad nos agota en nuestra profesión, no es tanto la fatiga por compasión, sino la fatiga ética”.

Su afirmación aterrizó perfectamente en mi mente. En la medicina de urgencias, pocas veces se me daban las riendas financieras para hacer lo mejor por mis pacientes. Más a menudo se me pedía tomar decisiones con base en la situación financiera de alguien distinto, decisiones que podrían estar al límite de los dilemas éticos.

¿Hago pruebas sanguíneas o gasto este dinero en un tratamiento inmediato? ¿Uso una sedación mínima para suturar a la mascota, de modo que tenga fondos restantes para la medicación del dolor y los antibióticos?

¿Le digo a la familia que su mascota tiene 5% de posibilidades de vivir unos cuantos meses más, sabiendo que agotarán sus ahorros o que contraerán deudas tan solo para conseguir un poco más de tiempo?

Estas son decisiones basadas en ética, no en la compasión. Todos nosotros sabemos que, si no negociamos esto con algunos clientes, ellos tomarán una decisión drástica (como la eutanasia o tal vez una revisión en línea parcial y sesgada), que puede llevar a que a la mascota ya no se le ayude más. Y para mi esta es la falla definitiva.

En contraste, de acuerdo con el Oxford English Dictionary, la fatiga por compasión es una “indiferencia hacia solicitudes de ayuda por parte de aquellos que sufren, experimentada como resultado de la frecuencia o cantidad de tales solicitudes”. De manera básica, significa que usted dejará de atender, ya que a usted se le pide que atienda muy a menudo. Quienquiera en cualquier tipo de instalaciones de atención a largo plazo, deberá comprender la fatiga por compasión, incluyendo los padres.

Mientras que yo entiendo la fatiga por compasión, no me relaciono con ella. He cuidado a mi hijo lactante, que no ha dormido en toda la noche por 11 meses seguidos. En un día he atendido nueve eutanasias en casa. He tratado caso tras caso en la sala de urgencias, día tras día. Todos conocemos el sentimiento de quitarnos nuestros calcetines y permanecer en cama luego de más de 24 horas en el trabajo, solo para ser despertado por una llamada telefónica o un texto desde la clínica (o aún por un amigo) con una pregunta acerca de otra mascota.

Para mí, esto no es fatiga por compasión. Esto es trabajar en exceso, agotarse o simplemente estar exhausto en realidad, en tales momentos no carezco de compasión. Me hace falta descansar.

El sobreuso del término “fatiga por compasión” puede ser un camino riesgoso para nuestra profesión; la distinción entre ésta y la fatiga ética ha sido tan inspiradora para mí. En vez de utilizar la fatiga por compasión para describir cualquier emoción negativa que experimentamos en el trabajo, comprenda que nuestros estresores únicos ofrecen un enfoque más holístico para trabajar en un ambiente laboral sano. Este fue un viaje importante para mí al inicio de mi carrera y ha hecho una gran diferencia en mi salud emocional.

Hace años, la propietaria de una mascota se presentó conmigo con el cuarto cachorro con parvovirus de la noche y luego se molestó conmigo porque creyó que yo estaba “ahí solamente por dinero”, y sentí que mi compasión se había agotado por completo. Pensé, “¿cómo puedo atender, cuando esta persona no comprende la dedicación e impulso que se requiere para tratar con personas como ella, sobre todo cuando el parvovirus es completamente evitable mediante una vacuna de $15 dólares?”

Interacciones como esta, suelen agotarme. Pero conforme observaba a esta mujer que se molestaba conmigo, su hija de 8 años de edad sentada en la sala de exámenes vistiendo ropa que se veía que no habían limpiado en algún tiempo, me decía que podría rogar por pagar el tratamiento de su cachorro y que yo era una persona terrible por hacer que hiciera eso, comprendí que su molestia no tenía nada que ver conmigo. Con todos los problemas que ella debe haber tenido en su vida, tuvo el valor de traer a su mascota a la clínica donde seguramente sabía que ella podría costearle un tratamiento.

La miré y dije “quiero agradecerle el haber traído a su cachorro aquí y siento mucho si usted se siente juzgada por mí o mi personal. Hagamos algo juntas”.


"Estamos más fatigados por las decisiones éticas que debemos tomar por una mascota, con base en las pobres decisiones de los clientes, que por lo que estamos por la cantidad finita percibida de compasión que pensamos existe dentro de nosotros mismos”.

Su enojo pasó y se tranquilizó. Comprendí que había algo mucho peor en el mundo que ser el motivo del enojo mal dirigido de una clienta. Era este cachorro dejado para morir al lado del camino. Estaba permitiendo que esa pequeña niña sintiera que la veterinaria no quería ayudar. Observar a esa mujer como un ser humano, en vez de alguien que estaba molesta, cambió mi percepción y modificó lo que era posible.
 
De inmediato, la compasión que tuve por el cachorro dirigió mis decisiones, porque mis autodefensas estaban abatidas. En vez de estar abrumada por una falta de deseo por ayudar a la mujer, era capaz de concentrarme en la necesidad de ayudar al paciente. Y de manera más importante, comencé a comprender algo acerca de mí misma, no puedes dar lo que no tienes y, en tanto yo fuera mi propia fuente de compasión, nunca se me agotaría.

Comprendí que esto no se podría aplicar a todo mundo, pero como mujer y como madre, creí que tenía un suministro inagotable de compasión. En el consultorio trabajo todos los días con personas que necesitan empatía y apoyo, y nunca me siento agotada por ellos. ¿Me siento cansada, estresada, trabajada en exceso, con falta de sueño y tal vez un poco quemada a veces? Por supuesto, pero esa no es la fatiga por compasión. Es tener el tanque vacío y éste puede rellenarse al encontrar las cosas que nos traen alegría.

Simplemente, no fue un sobregiro lo que me condujo a sentirme fatigada. Fue la inmensa responsabilidad de tomar la decisión correcta dentro de los límites de los valores ilógicos (a menudo de alguien más) o un pago irrealizable. Esta no es fatiga por compasión; es fatiga ética.

La Dra. McVety es propietaria del Lap of Love Veterinary Hospice y de In-home Euthanasia en Lutz, Florida

 

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