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Volumen 8, número 6
Jun / Jul 2014 . vol. 8 / núm. 6

EL VENENO EN EL ESTANQUE Toxicosis por algas verdeazules en un perro joven

Llevaron a consulta a una clínica veterinaria a una hembra pastor alemán mestiza, de nueve meses de edad, 27.5 kilogramos, esterilizada, no ambulatoria y recumbente.

Por Safdar A. Khan, DVM, MS, PhD, DABVT

CASOS DE TOXICOLOGÍA



Safdar A. Khan, DVM, MS, PhD, DABVT

Llevaron a consulta a una clínica veterinaria a una hembra pastor alemán mestiza, de nueve meses de edad, 27.5 kilogramos, esterilizada, no ambulatoria y recumbente.

ANTECEDENTES
Antes de la visita a la clínica, el propietario había llevado a la perra para una caminata y no observó anormalidades. Luego de la caminata se dejó a la perra sin supervisión en el patio trasero por cerca de 30 minutos y luego se le permitió entrar al hogar. El propietario observó que los ojos de la perra estaban entornados y que tenía una marcha incoordinada. La perra también defecó en la casa.

EXAMEN FÍSICO
A la presentación clínica, la perra se encontraba atáxica, con dolor y babeando en exceso. Su temperatura corporal fue de 39.7 C. No se notaron durante el examen físico otras anormalidades. La perra comenzó a convulsionarse en la sala de exámenes y vomitó varias veces. El vómito contenía una bolsa de plástico y grandes cantidades de agua de estanque con algas viscosas, filamentosas y verdes. El propietario confirmó que había retirado algunas algas del estanque del patio y que las había colocado en una bolsa de plástico al principio del día, mismas que seguramente se comio su perra.

MANEJO INICIAL
Con base en las grandes cantidades de algas presentes en el vómito y el rápido inicio de los signos neurológicos graves, se sospechó de una intoxicación por algas verdeazules.

La perra fue tratada con diacepam (0.5 mg/kg intravenosos) y líquidos intravenosos (solución salina a 0.9%, a una velocidad de 60 ml/kg/día). También se le administró una dosis de carbón activado (2 g/kg, orales) por medio de una sonda estomacal. Por el momento, los resultados de un electrocardiograma, hemograma y perfil químico sérico fueron normales.

La perra respondió bien de manera inicial al diacepam, sin embargo comenzó a convulsionarse de nuevo 30 minutos después. Esta vez, el diacepam tuvo poco efecto en controlar las convulsiones. Durante las convulsiones, la perra dejó de respirar. De inmediato se colocó una sonda endotraqueal y se comenzó la reanimación cardiopulmonar. Un examen electrocardiográfico mostró contracciones ventriculares prematuras, que progresaron hasta una línea plana.

Se administró atropina de manera intravenosa (0.02 mg/kg), junto con 2.9 mg/kg de doxapram para estimular la respiración, seguidos por otra dosis de doxapram (1.45 mg/kg) para mejorar aún más la respiración. La perra mejoró con rapidez. La oximetría de pulso mostró una saturación de oxígeno de 94 a 98%. El electrocardiograma de la perra y la presión sanguínea regresaron a los valores normales. Luego de recibir ventilación manual (12 respiraciones/minuto) por cerca de 90 minutos, la perra comenzó a respirar por sí misma.

TRATAMIENTO ADICIONAL
Casi tres horas luego de la presentación, antes de enviar a la perra a una instalación de cuidados críticos, la perra se convulsionó otra vez. Se administró diacepam (0.5 a 1 mg/kg, intravenosos hasta efectos) y luego propofol (3 mg/kg intravenosos) y la perra se transportó mientras se encontraba sedada.

La perra comenzó a convulsionarse de nuevo 15 minutos luego de llegar a las instalaciones de cuidados críticos, y cayó en paro respiratorio. Se le intubó con una sonda endotraqueal con manguito y empezó a recibir de inmediato ventilación con presión positiva (8 a 20 respiraciones/minuto). Para las convulsiones se administró diacepam (0.5 a 1 mg/kg intravenosos hasta efecto) y a continuación fenobarbital (2 mg/kg en bolo intravenoso). Se conservó sedada a la perra con fentanilo (5 μg/kg en bolo y luego 5 a 7 μg/kg/hora en una infusión a velocidad constante) y propofol (01 a 0.6 mg/kg/minuto), mientras recibía respiración mecánica.

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